Hoy queremos abrir un nuevo apartado en nuestra web. En este vamos a tratar a Oscenses (O que realizaron gran parte de su vida en Huesca) históricos.
Comenzaremos la serie con Quinto Sertorio:
Podeis disfrutar de un audio del programa “La Rosa de los Vientos” de Ondacero narrado por Juan Antonio Cebrian.
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(Imagen de Quinto Sertorio)
Militar, político y buscavidas, encarna a la perfección al héroe rebelde del mundo antiguo. Ensalzado por autores como Plutarco, plantó cara en Hispania durante varios años a las implacables legiones romanas, hasta convertirse en el enemigo público número uno de la mortecina república Romana.
Nacido hacia 122 a. C en Nursia, pertenecía a una influyente familia romana de la nobleza. Siendo adolescente orientó su vocación a la milicia e hizo armas luchando contra las tribus germánicas, principalmente, cimbrios y teutones. Según las crónicas de la poca, fue fiel a su tío y siete veces cónsul Cayo Mario (Reformador de la organización interna de las Legiones Romanas en todos los aspectos y conocida por el nombre de “Las Reformas de Cayo Mario” así como gran estratega militar), junto al que participó en algunas victorias en las que contrajo méritos suficientes para ascender en el escalafón militar.
(Imagen de Cayo Mario)
Años más tarde, luchando en Hispania, destacó por diversas acciones bélicas, como la acontecida en Castulo (Linares), ciudad que fue arrasada en represalia por la masacre que los autóctonos cometieron sobre algunas unidades legionarias pertrechadas en la localidad. La noticia llegó a Roma, y el Senado le concedió la corona cívica con hojas de roble, el mismo triunfo que alcanzara Cayo Julio César tiempo después.
Sertorio mostró afinidad por la ideóloga política de su admirado Mario y, en consecuencia, se afilió al partido popular que luchaba contra los conservadores optimates, cuyo representante más destacado era Sila, quien -en enero de 81 a. C.- entraba a sangre y fuego en Roma en uno de los capítulos más vergonzosos de su historia.
Hasta esa fecha, Sertorio había prosperado como magistrado romano, siendo nombrado en 83 a. C. pretor de la provincia Hispania Citerior (comprenda la costa este, desde los Pirineos a Cartagena). Los acontecimientos del conflicto civil le alejaron del poder y quedó a expensas de ser purgado por el nuevo dictador romano. Se convirtió en un proscrito cuya única salida fue la de proclamar una guerra personal contra Roma y, con un puñado de soldados, se adueñó de la provincia Citerior.

Su carisma y elocuencia ganaron para su causa a miles de veteranos legionarios que vivían como colonos en la península Ibérica. Consiguió formar un pequeño ejército de 9.000 efectivos, que fraccionó en dos contingentes, dispuesto a defender los pasos pirenaicos y el valle del Ebro contra las tropas que estaba a punto de enviar Sila para reprimir la sublevación provincial.
En la primavera de 81 a. C. llegó el general Annio Lusco al mando de dos legiones que aplastaron sin miramientos a los 6.000 hombres dirigidos por Livio Salinator, lugarteniente de Sertorio. Éste fue proclamado hostis publicus; es decir, enemigo público de Roma, lo peor que le podía ocurrir a un ser humano de la antigüedad. Tras su derrota en los Pirineos se replegó, junto al resto de su ejército, hasta Cartago Nova (Cartagena) y embarcó rumbo a las costas africanas con la esperanza de rehacerse para contraatacar.

Éste permaneció fuera de Hispania hasta el año 80 a. C., pero poco después los lusitanos -siempre levantiscos ante los invasores latinos- le ofrecieron el mando de sus ejércitos, pues vean en él al sucesor de su héroe Viriato. El flamante caudillo poseía unas condiciones innatas para la guerra y supo ver en sus nuevos soldados cualidades para combatir a las legiones romanas.
De inmediato, se empleó en el entrenamiento de aquellas unidades mixtas formadas por veteranos legionarios y formidables guerrilleros. Pronto, la mezcla de ambos conceptos comenzó a dar sus frutos y así logró apoderarse de un amplio territorio peninsular. Ante esta respuesta de Sertorio, Sila decide nombrar a Quinto Cecilio Metelo procónsul de la Hispania Ulterior donde llegó con dos legiones en torno al año 79 a. C.: aproximadamente en esta época funda Castra Cecilia (Cáceres) y Metellinum (Medellín, Badajoz), ampliando la futura Vía de la Plata. Al principio Metelo consiguió algunas victorias pero pronto Sertorio, mejor conocedor de esas agrestes tierras y habiendo aprendido de los pueblos celtíberos y lusitanos la táctica de la guerrilla, impuso su autoridad y consiguió dominar la mayor parte del territorio estableciendo la capital “de la nueva Roma” en Osca, la íbera Bolscan, actual Huesca.
Durante ocho años los ejércitos sertorianos mantuvieron en jaque a cuantas legiones fueron enviadas desde Roma.

En el año 77 a. C. Metelo realizó una emisión de denarios a su nombre, con la inscripción Q(uintus) C(æcilius) M(etellus) P(ius) I(mperator) o simplemente IMPER, con una cabeza de Pietas (piedad) en el anverso aludiendo a su cognomen, «pío».
(No sabemos si se tratan de los IMPER)
En ese tiempo, Sertorio llegó incluso a soñar con la invasión de la península italiana, mientras creaba un Senado paralelo en Hispania y estrechaba lazos con las entidades tribales. En ese sentido, fundó una escuela de altos estudios en Osca (Huesca), en la que se pretenda formar como magistrados a los hijos de los jefes nativos leales a su causa.
Finalmente, Roma utilizó toda su capacidad bélica para aplastar el foco rebelde hispano y mandó las tropas de los generales Metelo y Pompeyo que, en un efecto tenaza, acabaron con Sertorio refugiado en sus reductos del norte peninsular. Las batallas se sucedieron, originando miles de muertos en uno y otro bando, con episodios trágicos como el sitio de Calagurris (Calahorra), en el que la práctica totalidad de sus habitantes murió por las armas o el hambre.
En el año 73 a. C se puso precio a la cabeza de Sertorio quien, sólo y abandonado por sus antiguos aliados, fue asesinado a traición en un banquete que se celebraba en Osca. Una vez eliminado, Hispania fue momentáneamente pacificada. No obstante, las Guerras Sertorianas contribuyeron a minar los cimientos de la república romana y decenios más tarde aflorara el nuevo estamento imperial.
En Huesca, existe una calle con su nombre, en el Casco Antiguo. Se encuentra, como se puede apreciar en las diferentes imágenes entre la Plaza de la Catedral (donde se sitúa también el Ayuntamiento) y la Plaza Universidad (donde se encuentra también el Museo Provincial)



Fuente principal de la información gracias a:
Juan Antonio Cebrian. Programa “La Rosa de los Vientos” Ondacero Radio.
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Tags: Bolscan, Osca, Quinto Sertorio
