La traca que anunciaba la fenomenal estampa de los albaserrada de Adolfo Martín quedó en petardazo por la invalidez general de los astados; en esta ocasión, sí dignos de este nombre por presentación. Resultó la corrida de ayer un fiasco absoluto: toros de bella estampa sin ánima; reses insípidas, desvitalizadas y desalmadas… y no por malicia. Fueron toros descastados, sin fuerzas, al punto de ser casi inválidos. Sólo servían para exhibir en estampas y para el estofado. Los seis humillaron, como corresponde al encaste, pero a nada que los diestros bajaron la muleta (y ni con estas) perdían las manos. El segundo llegó a acostarse en el centro del redondel. En estas condiciones, el balance de la tarde fue la nada.
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Enfrente, los toros tuvieron tres diestros aplicados y esforzados pero que no dejaron en toda la tarde una tanda en condiciones, que abusaron del pico de la muleta y que buscaron el bullicio más que el toreo. Al menos, Juan José Padilla y Jesús Millán dieron el tipo, porque Sánchez Vara estuvo horrendo y se llevó una increíble oreja.

Habrá que ponderar este juicio sobre los diestros dado que no hubo toros y sin toros, no hay lidia ni fiesta. Al menos, los toreros de ayer vinieron a Huesca a ponerse ante las reses mejor presentadas en muchos años, con un encaste que otros no quieren ni mentar, aunque las reses de ayer vieron extraviados los genes en algún punto del árbol genealógico.

El quinto toro fue el epítome de la corrida, con lo único bueno -una lámina de libro, para aplaudir de salida- y lo peor que fue casi todo: invalidez completa, tardanza en la embestida y recorrido corto. Para colmo, desarrolló sentido y se convirtió en un animal peligroso, que terminó centrándose en Jesús Millán más que en el engaño.

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El de Garrapinillos, con vergüenza torera, estuvo en su sitio, valiente y firme y se llevó un susto. Como el burel -en la línea de toda la corrida- se quedó sin torear, el diestro pasó un calvario para matar.

En el primero, le había sucedido lo mismo. Se aplicó con los dos pitones pero el toro no tenía un pase… o tal vez no los encontró Millán. Esta res presentó defensas con abundante leña. Su tarda y corta embestida creó problemas a la cuadrilla aragonesa de Millán. Tuvo enorme mérito el tercer par, colocado con riesgo por el oscense Julián García, al que este toro estuvo a punto de empitonar.

Sánchez Vara cortó el único apéndice de otro fiasco de tarde. Se llevó una oreja de su primero y resultó otro premio injusto por doble motivo. El primero, de carácter absoluto: la petición no fue mayoritaria. El segundo, por agravio comparativo: a Juan José Padilla se le negó similar recompensa en sus dos toros con el equivalente e insuficiente flamear de pañuelos.

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Al menos, Padilla estuvo más aseado que Sánchez Vara, que pasó pánico en sus dos toros, a los que mareó a base de mantazos sin ton ni son, tomando todas las precauciones del mundo con la figura descompuesta, poniendo distancia con el pico de la muleta y sin pararse en ningún momento. Nada enseñó al público de sus oponentes, si es que algo tenían que mostrar estos inanimados toros. Al sexto acabó poniéndole un sombrero en el pitón derecho en pleno dislate.

Sí es de subrayar el desempeño de Sánchez Vara en banderillas. Compartió en los toros primero y tercero la suerte con Juan José Padilla, en todos los tercios que hicieron enardecer a los tendidos pese a la escasez de emoción. Mucho mejor estuvo Sánchez Vara en el sexto, con un meritorio tercer par, hacia los adentros y cuadrándose en la cara del toro.

Los rehiletes fueron el compendio de la entrega que siempre exhibe Juan José Padilla, que se fue de vacío pese a que el público coreó su nombre desde que el jerezano apareció por el portón de chiqueros.

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Padilla supo ocultar mejor las trampas de sus tandas de muletazos a media altura y fuera de cacho para sacar de sus dos descastados oponentes algunas tandas carentes de emoción.

Cuando los toros que le tocaron en desgracia se acabaron -por su propia invalidez-, Juan José Padilla sacó el repertorio habitual, con evoluciones alrededor de la res, cabezazos a los lomos del toro y lanzamiento de muleta para quedar rodilla en tierra descubierto ante la res.

El tendido acabó buscándose el entretenimiento ante la falta de emoción en el ruedo y con la segura convicción de que la pólvora que ayer le faltó a las reses de Adolfo Martín se había quedado cerca, en el Parque Universidad a la espera de los fuegos artificiales del día del patrón.

[Extraido de: http://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasDetalle.aspx?Id=585001]

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One Response to “CRÓNICA TAURINA 10/08/09”

  1. Paula says:

    … lejos de mi moralidad ¡No merece la pena la corrida de toros en Huesca! hay muy pocos aficionados de verdad y el resto te bastas tu solito para darme la razón. Si los que se quiere es fiesta, sin toros igual la puede haber e incluso mejor y mas barata.

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