Capítulo VI: Huesca, cristiana y visigoda (parte II)

Cuando en los comienzos del siglo V los guerreros visigodos entran en la península, comienza para la historia de la ciudad de Huesca un largo período de oscuridad, que apenas deja algo entrever hasta las invasiones árabes, tres siglos más tarde, en el 712.

De la ciudad en su pasado visigodo sólo algunos destellos nos han llegado. En su aspecto espiritual, el gran historiador P. Fita nos ha dado nombres de algunos de los obispos oscenses, que demuestran primeramente la antigüedad de la sede oscense (tales como Elpidio, Pompeyano, Vicente y Gabino, obispos de Huesca que participaron activamente en los concilios cristianos que tuvieron lugar en España) pero nada o muy poco sabemos de sus hechos ni de la ciudad cuya vida espiritual rigieron. Y si del aspecto personal, pasamos al material, tan sólo algún capitel, quizás sólo la suposición de algunas basílicas visigodas en lo que más tarde fué orgullosa mezquita “La Misleida” de los musulmanes (Catedral) y el hecho de la conservación de la iglesia de San Pedro “el Viejo” bajo la dominación agarena (musulmana), que nos hace pensar en su existencia anterior, bajo el poder de los soberanos visigodos de Toledo.

Capiteles visigodos catedral Huesca

Fotografía de tres arcos sobre cimacios y capiteles visigodos del claustro de la Catedral de Huesca

También cabe reseñar que a partir del siglo V en Hispania, se vive una regresión económico-social. Las ciudades abiertas y las numerosas villas rurales, que habían sido los centros de producción de riqueza durante el Bajo Imperio, caen en una clara decadencia con importantes pérdidas de población. Solo las ciudades bien defendidas, como Cesaraugusta, Osca o Turiaso, en el caso de nuestro territorio, logran sobrevivir si bien con una drástica disminución de su población y un evidente empobrecimiento económico y cultural.

Resulta curioso constatar cómo los llamados “pueblos bárbaros”, una vez asentados en lo que habían sido las provincias imperiales y habiendo consolidado entidades políticas independientes, siguieron acuñando, como numerario propio, unas piezas que no eran mas que una imitación servil de la amonedación romana de oro, sin duda motivados por el prestigio internacional de una moneda como el sólido (tipo de moneda de oro bizantina). Los visigodos, asentados definitivamente, también recurrieron a tal práctica ya que ellos carecían de moneda propia. El hecho de que solo acuñaran monedas de oro es que en este periodo los intercambios económicos habituales se realizaban mediante trueque, reservándose la moneda para pagos al ejército, tributos y tesaurizaciones.

Las cecas peninsulares donde se acuñó moneda visigoda son numerosas, existiendo 79 documentadas. En Huesca, se acuñaban los tremis de Gundemaro (rey de los visigodos 609-612), moneda que económicamente equivalía a un tercio de sólido, con tipología claramente tarraconense, cuyo epígrafe es VOLOTANIA y que es atribuido a Boltaña (Huesca).

Monedas Visigodas BoltañaTremis Gundemaro Volotania

Es de suponer, dada la poca influencia del elemento germano en la península, que si exceptuamos la clase noble, en donde se encarnaba el poder, la población oscense con sus caracteres de hispanidad, romanizada y cristiana, continuó con los mismos aspectos con que había vivido en el bajo imperio romano y en los siglos visigodos.

Hasta aquí la Huesca, cristiana y visigoda. Continuaremos con el Capítulo VII: Huesca musulmana (parte I)

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One Response to “La historia de la ciudad de Huesca (VI)”

  1. Hylda Misleyda says:

    deseo saber el significado de la palabra misleyda puede ayudarme a investigarlo. gracias

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