Capítulo VII: Huesca musulmana (parte I)
En los cominezos del siglo VIII el poderío de los visigodos se derrumba por dos causas, moralmente deshecho por sus odios y luchas intestinas que habian debilitado extraordinariamente su poder interno y por la fuerza de las armas del nuevo elemento musulmán (una mezcla confusa de razas muy distintas como son los árabes, berberiscos, eslavos, sirios, etc.). La península cayó rápidamente en poder de ellos. No conocemos en qué condiciones Huesca se rendiría, la historia no nos da pormenores de ella, solo nos dicen los historiadores árabes que Muza (caudillo militar musulmán y yemení) y Tarik (general bereber que lideró la invasión de la península) conquistaron toda la región meridional del Pirineo, sin que sepamos las resistencia que en ella se encontraron.
Lo indiscutible es que a partir de entonces Huesca es ciudad mencionada dentro del Islam, como punto muy importante de la llamada “Frontera Superior” por los árabes, ya que más allá de la sierra de Guara no se puede afirmar que hubiese dominación musulmana en estado permanente (los habitantes del Pirineo que no fueron muy sumisos a los Visigodos,continuaron con su mismo espíritu indomable frente al Islam).
Muralla de Huesca, de la época musulmana
Huesca, pues, se encontró en el punto de intercesión donde terminaba el mundo mahometano, frente a las regiones de montañeses indómitos (elemento primario de los que luego fueron estados cristianos pirenáicos de la reconquista) y al lado de los estados francos que bajo el mandato de Carlomagno y sus descendientes soñaron siempre en el domino del valle del Ebro, poco islamizado y con una población, sólo en apariencia, sumisa al poder de los emires y de los califas (vería por ello desfilar ante los muros ya ruinosos de la Osca romana, las huestes aguerridas de los francos, de los emires y de los hombres del Pirineo).
Lo que sí es indiscutible, es que dado lo heterogéneo del elemento invasor, Huesca como Zaragoza, se vió dominada por elementos árabes puros, libre de las rebeliones, devastaciones y crueldades de los bereberes de que fueron objeto otras regiones españolas, dando a su población dentro de la sociedad musulmana, dos notas esenciales: un carácter de selección y de aristocracia (que siempre distinguió a los musulmanes de la cuenca del Ebro), y la independencia más o menos encubierta con que vivio toda la región, respecto a los soberanos de Córdoba, en los casi cuatro siglos (720-1096) de vida mahometana.
Dos hechos dolorosos mencionan a Huesca en el siglo IX, y los dos en relación con la población cristiana-mozárabe que vivía bajo el dominio de los emires. El primero, es en Toledo, los mozárabes toledanos negaban obediencia al emir y éste se vengó enviando como gobernador a un oscense cruel, denominado ” el renegado de Anrús” que atrajo a su palacio a los principales toledanos, invitándoles a un festín y conforme llegaban eran decapitados en el foso de la fortaleza. Tal fué la matanza conocida en la historia con el nombre de “Jornada del Foso en Toledo”, inspirada por un hombre de Huesca, y que siglos más tarde, en ambiente cristiano, tendría su repetición dentro de la ciudad, con la sangrienta “campana de Huesca” en circunstancias muy parecidas. El segundo hecho es el martirio, por el valí (es un cargo existente en muchos lugares del mundo árabe e islámico que equivale al de gobernador) de Huesca Zumahil de aquellas dos doncellas Nunila y Alodia, que prefirieron el martirio a la abjuración de su fé cristiana, viniendo a aumentar la gran fila gloriosa de mártires mozárabes.
Entrada a la ermita de las Mártires
Aún hoy el lugar de su martirio se llama en Huesca el “tozal de las mártires”, situado junto a la escuela oficial de idiomas.
Próximo capítulo, Huesca musulmana (parte II)
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