Capítulo IV: La Osca romana (parte III)
En el anterior capítulo hablábamos de las guerras sertorianas, como transcurrieron las campañas de lucha contra Pompeyo y Metelo, y como finalmente Quinto Sertorio perdía la vida víctima de una traición perpetrada por uno de los que combatieron junto a él, Perpena.
Osca, centro de aquella provincia de la España citerior, guardó religiosamente el recuerdo del gran caudillo (Quinto Sertorio), bienhechor que tanto la había enaltecido y pronto tuvo ocasión de demostrar su odio contra los asesinos.

Pocos años gozó de paz Hispania. Continuaban en Roma las rivalidades entre generales y políticos ambiciosos, que aspiraban al poder en aquellos tiempos de decadencia de la República. Tras los años del primer triunvirato (Julio César, Pompeyo y Craso) y una vez muerto el último, estalló la guerra entre los dos primeros, y Pompeyo (uno de los grandes rivales de Sertorio) vino a España, hacia el año 67 a.C. Se hizo con ella fácilmente, pero Osca y otras ciudades fieles a la memoria de Sertorio, no quisieron someterse y ofrecieron durante varios años una tenaz resistencia que únicamente pudo ser vencida ante la superioridad material y la violencia.
Pero más tarde, cuando estalló la rivalidad entre Pompeyo y Julio César (que vino en persona a combatir a los pompeyanos que en España tenían su fuerza principal) Osca tuvo ocasión de cumplir su venganza por el asesinato de Quinto Sertorio. César llegó a España al frente de sus legiones, dispuesto a exterminar de una vez al partido pompeyano. Asentó sus tropas en las llanuras de Ilerda (Lérida), entre los ríos Cinca y Segre, encontrándose en una situación apurada debido a las crecidas extraordinarias de sus cauces y por lo intentos de las fuerzas pompeyanas mandadas por Petreyo (militar romano), Afranio (militar y político fiel seguidor del partido pompeyano) y Varron (militar y funcionario romano de rango ecuestre, lugarteniente de Pompeyo). Seguir leyendo…